La píldora del día después, en pocos días

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Bien en caso de urgencia, mejor bajo control médico y, en cuanto a los farmacéuticos, tal vez podrían iniciar el entrenamiento psicoanalítico.

La conocida como “píldora post-coital” o “del día siguiente” podrá venderse sin receta, a partir de septiembre, en las farmacias de toda España según la ministra de Sanidad. El Levonorgestrel es un anticonceptivo de emergencia (que no abortivo, según la OMS, pues no surte efecto una vez implantado el óvulo), ya aprobado en nuestro país desde 2001 y, receta mediante, hasta ahora gratuito excepto en seis comunidades.
Así pues, nada nuevo, pero ha sido proponer la venta sin necesidad de prescripción médica, a partir de los 13 años, y organizarse un revuelo de cuidado por parte de quienes a buen seguro suponen, aunque no sólo ellos. Por contextualizar la polémica, convendrá aclarar que el acceso a la píldora sin receta ni límite de edad está autorizado en EEUU, Francia, Inglaterra, Portugal, Bélgica y Holanda, Dinamarca o Suiza, y ello no la ha convertido en método de rutina como algunos profetizan. Se trata de un remedio contra el olvido del anticonceptivo habitual, rotura del preservativo u otros aconteceres similares y, desde luego, de gran utilidad en casos de violación. Su eficacia ronda el 95% en las primeras veinticuatro horas tras el coito y desciende al 55% si han transcurrido tres días; los efectos secundarios son, de producirse, banales, y las ventajas, obvias. Pese a ello, la controversia está servida.
Para empezar, la Generalitat catalana y el Consejo de Colegios Farmacéuticos han elaborado un protocolo que contempla una entrevista privada con la menor, por parte del boticario/a, para juzgar sobre la oportunidad de su decisión. Como resultado o por alegar objeción de conciencia, podría negar la venta y pasar la pelota a otro establecimiento. Uno se pregunta por la distancia que mediará entre farmacias si se trata de un pueblo pequeño, o si la petición en horas nocturnas retrasará aún más su toma y reducirá en consecuencia la eficacia de la píldora aunque, no menos importante, quepa también interrogarse sobre una objeción que la Constitución ignora (al no tratarse de maniobra abortiva) y, de paso, por la habilidad psicológica que se supone sin base alguna al vendedor, de modo que parece cargada de razón la ministra al afirmar que el protocolo deberá revisarse en cuanto a esos extremos.
También se me antojan razonables las objeciones del Consejo de Colegios Médicos: como medicamento que es, la píldora debería ser prescrita bajo supervisión profesional. Parece oportuno y se sumaría la deseable orientación sanitaria siempre que a la gratuidad y control se añadiera la accesibilidad en tiempo adecuado. No obstante, el Levonorgestrel demuestra, a más de la propiedad anticonceptiva, otra no menos interesante cual es la de revelar talantes y prejuicios de personas, colectivos e instituciones, no por sabidos de menor interés. Basta con echar un vistazo a las declaraciones del espectro para confirmar que podían predecirse sin riesgo de error.

Las asociaciones mejor informadas (Española de Contracepción, Federación de Sociedades de Sexología…) manifiestan su acuerdo como remedio ocasional, mientras que en el repaso político-religioso llueve sobre mojado. Izquierda Unida apoyaría la subvención pública del fármaco, mientras que el PP se muestra en desacuerdo y aprovecha la coyuntura para disparar por elevación. Para Arenas, la medida es “un monumento a la frivolidad”, y Rajoy sigue en la tónica de aprovechar para la puya al Gobierno y su “intento de distraer sobre lo verdaderamente importante” aunque se ignore, a fecha de hoy, a qué se refiere. A diferencia del presidente de Nuevas Generaciones de Murcia, que de farmacología sabe poco y no tiene empacho en airearlo (cosas de la juventud) cuando advierte que “se pone en riesgo las vidas de jóvenes que no están preparadas para ingerir auténticos cócteles de hormonas” (¿?).
La complejidad de los temas es siempre sacrílega y, en el ámbito religioso, ante el sacrilegio, ¡Vade retro!, aunque no entiendan de la misa la media con todo y su práctica. Benedicto de Roma pide objeción de conciencia a los farmacéuticos para los productos “que tienen objetivos inmorales, por ejemplo el aborto y la eutanasia”. Olvida el preservativo. Rouco, en sintonía con su líder, afirma que la píldora es “una auténtica técnica abortiva” y, para más papistas que el Papa, ahí están la Asociación Pro Vida (“se establece el aborto libre por la vía de los hechos consumados”), la Federación de Médicos Católicos (“tiene efectos devastadores sobre el medioambiente porque libera toneladas de hormonas a través de la orina femenina”) o la Conferencia Católica de Padres de Alumnos, Concapa (aunque sin ella serían igualmente reconocibles), pidiendo la dimisión de la ministra nada menos que por corrupción de menores.
Así están las cosas y, como aquí opina hasta el tato, me permitirán la mía: bien en caso de urgencia, mejor bajo control médico y, en cuanto a los farmacéuticos, tal vez podrían iniciar el entrenamiento psicoanalítico apuntándose a cualquier curso por correspondencia que garantice sus aptitudes para certificar la madurez del prójimo.

Fuente/diariodemallorca.es/

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